
A 66 años del nacimiento de Diego Maradona: el recuerdo de la histórica jornada en que "Dios" jugó al golf y tiró un asador a la pileta en Los Cardales
En una nueva conmemoración del aniversario de su nacimiento, rememoramos la íntima visita del astro argentino al pueblo junto al golfista José Cóceres, risas de por medio y un "picado" inolvidable.
Este 30 de octubre, en el marco de un nuevo aniversario del nacimiento de Diego Armando Maradona, el fútbol mundial y la Argentina entera recuerdan el legado de la figura más emblemática de la historia del deporte. Sin embargo, en el mapa de su extensa biografía, existe un rincón del distrito de Exaltación de la Cruz que guarda en su memoria una anécdota íntima, lejos de los reflectores, el asedio periodístico y el bullicio multitudinario.
Aquel episodio tuvo lugar el 8 de abril de 2004, cuando el astro aceptó la invitación de su amigo y reconocido deportista de elite José Cóceres, oriundo del Chaco pero radicado en Los Cardales. Ambos atletas, unidos por un origen humilde y trayectorias signadas por el esfuerzo, entablaron una estrecha afinidad que derivó en un desafío informal sobre los greens de Pilar Golf Club, en el límite con la zona.

Acompañado por un grupo reducido de allegados y vecinos de la localidad, Diego Maradona disputó los 18 hoyos mano a mano con el profesional chaqueño, exhibiendo destreza con los palos y sorprendiendo con ejecuciones de alta precisión. Tras el partido, el recorrido continuó con una recepción privada en una finca de Los Cardales, donde la jornada se transformó en una experiencia cargada de espontaneidad, chistes y apodos para cada uno de los comensales.
Uno de los momentos más desopilantes de la tarde lo protagonizó el asador del almuerzo, quien de tanto insistirle a Maradona sobre la calidad de la carne, terminó arrojado a la pileta con ropa y todo, con la complicidad risueña del propio astro y los presentes. La sobremesa se completó con el inevitable "picado" improvisado en el jardín: Diego Armando Maradona armó una ronda con los chicos de la casa, demostró sus clásicos malabares con la pelota, dio indicaciones tácticas y llamó a cada niño por su nombre de pila durante todo el juego.
A más de dos décadas de aquel encuentro, la comunidad de Los Cardales mantiene vivo el hito de haber cobijado por un día a la leyenda en su versión más humana, tranquila y cercana.