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Emergencia en la industria textil: la producción se desplomó un 23,9% y el sector opera a niveles mínimos históricos

Con casi el 80% de la maquinaria paralizada y una pérdida de más de 20.000 empleos desde 2023, las cámaras del sector alertan sobre el impacto letal de las importaciones a precios irrisorios.

Emergencia en la industria textil: la producción se desplomó un 23,9% y el sector opera a niveles mínimos históricos

Con casi el 80% de la maquinaria paralizada y una pérdida de más de 20.000 empleos desde 2023, las cámaras del sector alertan sobre el impacto letal de las importaciones a precios irrisorios.

La industria textil argentina atraviesa una de las crisis más profundas de su historia reciente, con indicadores que sitúan al sector en un escenario de parálisis casi total. Según el último relevamiento de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la actividad registró en enero el peor desempeño desde el año 2016, marcando una caída interanual en la producción del 23,9%.

Lo más alarmante del informe técnico radica en la capacidad instalada: actualmente, el sector utiliza apenas el 24% de su potencial productivo. Esto significa, en términos prácticos, que casi 8 de cada 10 máquinas en las fábricas textiles del país se encuentran apagadas. Este nivel de inactividad supera la media del resto de la industria nacional, que opera al 53,6%, dejando en evidencia que el rubro textil es el más castigado por el contexto económico actual.

El impacto en el empleo y la competencia desigual La destrucción de puestos de trabajo es otro de los ejes que genera máxima preocupación en el entramado social. En diciembre de 2025, el sector registró 100.000 puestos de trabajo formales, lo que implica una sangría de 12.000 empleos en solo doce meses. Si se analiza la serie histórica desde fines de 2023, la pérdida acumulada ya supera los 20.000 puestos, afectando directamente a miles de familias que dependen de la cadena de valor que incluye la confección, el cuero y el calzado.

Desde la Fundación Pro Tejer, los especialistas señalan que uno de los factores determinantes de este retroceso es el crecimiento desmedido de las importaciones de productos terminados. Durante el mes de febrero, ingresaron al país 12.800 toneladas de textiles por un valor de 32 millones de dólares. Lo escandaloso del dato radica en los precios: más del 70% de esa mercadería ingresó con valores históricamente bajos que la industria local califica como "competencia desleal". Se han registrado ingresos de remeras por menos de 0,01 dólar y jeans por menos de 1 dólar, cifras que no llegan a cubrir ni siquiera el costo de la materia prima básica.

Paradojas del consumo y falta de rentabilidad A pesar de la caída en la fabricación nacional, las ventas en centros comerciales registraron un leve alza del 4,3% interanual en enero. Sin embargo, la gerenta general de la FITA, Celina Pena, advirtió que este repunte no oxigena a las fábricas locales. Por el contrario, la mayor parte de esas ventas corresponden a productos importados o se realizan a precios por debajo del costo, lo que liquida la rentabilidad de las empresas nacionales.

La descapitalización del sector es evidente: aunque hubo una inversión de 22 millones de dólares en maquinaria durante el primer bimestre —un incremento respecto a 2024—, la dinámica de mercado actual prioriza la compra de productos finales extranjeros por sobre los insumos básicos como hilados y tejidos. Este cambio de paradigma productivo pone en jaque la supervivencia de las pymes textiles, que enfrentan dificultades crecientes para sostener sus persianas levantadas frente a un mercado interno que se debilita y una apertura comercial sin regulaciones que protejan el trabajo argentino.

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